miércoles, agosto 01, 2012

La Caverna de Saramago



#Indigósfera



La caverna de Saramago

La caverna de Saramago

No hay lugar más poblado, más caótico y menos acogedor en las grandes ciudades estadounidenses (un poco de respeto para una de las grandes excepciones, la Gran Manzana), e incluso en nuestro maravilloso Distrito Federal, que los malls.
 
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Mientras unos andan tras el petróleo perdido, otros following the Monex y otros acumulando evidencias para impugnar las elecciones donde habría ganado el candidato del PRI, quien a su vez busca empresas que podrían ser la envidia de Dorian Gray, yo recuerdo a José Saramago y su caverna.
Y es que el domingo pasado me tocó perderme en uno de los más grandes y más populares “malls” al norte del Río Grande, la “Aventura Mall”, cerca de Fort Lauderdale, en la Florida. Y todo para comprarle un ipod a mi sobrino preferido. ¡Menuda lección!
Hacía años que no me sentía tan agredida por gente caminando en estado “relax”, casi levitando, como si estuviera en los Campos Elíseos Parisinos, al ritmo del hosco ruido de bolsas super chic cargadas de artículos de primerísima necesidad rozándoles las piernas sudadas y las espaldas tapizadas de tatuajes, perfumados todos con el aromaterapia de palomitas y jabones de manzanilla, haciendo maromas con la lengua y las manos para lamer y relamer helados super sexi ysuper slim, para refugiarse a veces en sórdidos restaurantes fast-food dizque japoneses porque japoneses intentan comunicarnos que su misión en la vida (o por lo menos ese día) es servirnos suchis y sashimis hechos con peces frescos recién pescados cerca, lejos del mall donde terminaron.
Y es que no hay lugar más poblado, más caótico y menos acogedor en las grandes ciudades estadounidenses (un poco de respeto para una de las grandes excepciones,  la Gran Manzana), e incluso en nuestro maravilloso Distrito Federal, que los malls.
Que tristes son esas “cavernas” con luces de neón que, como bien contaba el Premio Nobel portugués, empezaron como una idea excelente: ser un guetto para quienes quisieran ir de “choping” (sin Chopin) y al mismo tiempo liberarse de la invasión de tiendas que los acosan con todo lo que no tienen, y que generalmente tampoco necesitan.
Pero no. Los centros comerciales, que son como laberintos inhóspitos y húmedos, plagados de madres sobreprotectoras o indulgentes, niños histéricos o simplemente gritones, son mucho más que un guetto.
La gente va a pasear, por Dios. Y alguna vez leí que una mujer dijo que quería que sus cenizas fueran esparcidas en un centro comercial, donde había sido tan feliz…
Y es que, pobres de nosotros, ya no tenemos plazas donde caminar ni desarrollar vida pública, mucho menos comunitaria. Recuerdo a Saramago de nuevo:
“En el Centro Comercial no pasa nada. Nuestros antepasados acudían a las cavernas para defenderse de la intemperie y de las fieras: mutatis mutandi, esto es lo que sucede ahora: en el Centro Comercial uno se siente seguro, a salvo: ni siquiera hay que comprar, lo principal es que estés allí, que te acostumbres a encontrar en ese lugar posibilidad de que todos tus deseos pueden ser satisfechos, y naturalmente tus deseos bajan mucho su nivel”.
En La Caverna (2001) de Saramago, se cuenta la historia de una familia de artesanos que fabrica objetos de barro y se da cuenta de que su trabajo ha dejado de ser necesario. 
El pequeño negocio de la familia corre peligro tras la creación de un mall. El protagonista, de 64 años, no entiende cómo las industrias de cerámica y sus robots pueden sustituir a los barros amasados.
Saramago logra en su texto plasmar una metáfora sobre nuestros grandes centros neurálgicos hoy en día: los malls, los estadios y las discotecas donde nos movemos con conciencia de autistas, solía decir.
“La Caverna” está basada en el mito de Platón en el libro VII de “La República” y forma parte de una “trilogía involuntaria” del Premio Nobel luso integrada por “Ensayo sobre la ceguera” y “Todos los nombres”, todas excelentes lecturas para estas vacaciones donde los más habitan los malls.

En busca del Mandela mexicano

#Indigósfera

Corría el año 1964. Los Beatles llegaban a Estados Unidos por primera vez mientras un joven de raza negra entraba a una cárcel para cumplir cadena perpetua en África del Sur, un país donde el sistema de segregación racial dominaba hasta los más profundos cimientos de la sociedad.

Se trataba de Nelson Mandela, ahora Premio Nobel de la Paz (1993) y legendario como la antítesis de Hitler, porque logró la reconciliación entre blancos y negros.
Fueron 27 años que el joven militante del Congreso Nacional Africano permaneciera en una celda de no más de cinco metros cuadrados, sometido a todo tipo de vejaciones físicas y psicológicas. 
Pero tenía una meta. Así, logró sobreponerse a su lastimosa situación. 
Se licenció en Derecho por correo en la Universidad de Londres.
Y, con el apoyo de sus propios carceleros, continuó su actividad política tras las rejas.
Para 1984, se había convertido en una autoridad moral a nivel mundial y en 1994, el primer presidente de raza negra en su país.
Y es que más de dos décadas le sirvieron para soñar con una fórmula que uniera a su país. 
Para eso, sabía que era vital contar con el apoyo de los dueños del régimen racista que lo habían condenado a cadena perpetua. 
Tenía que encontrar la forma de unir a la nación, dividida por medio siglo de apartheid.
Lo encontró en los Springboks, el equipo nacional de rugby, que en ese entonces representaba la supremacía blanca.
Ya como presidente, pidió una camiseta del equipo, y en color verde, el color representativo de la opresión blanca. 
Y pidió que esa camiseta llevara el número seis, el de François Pienaar, el capitán del equipo.
Una hora antes del partido del Mundial de rugby de 1995 realizado en Sudáfrica, Mandela llegó al estadio. 
A la hora de los himnos, bajó a saludar a los jugadores y se puso la camiseta de Pienaar. 
Y así saludó uno a uno a los jóvenes que lo miraban estupefactos. Se produjo un silencio absoluto, unos segundos para la historia.
Y estalló. 72 mil personas rompieron a gritar: “¡Nelson, Nelson!”. El 95 por ciento eran blancos. 
Los negros, que no conocían el juego, lo vieron, también estupefactos, desde bares en Soweto. 
Fue uno de los momentos más trascendentes del siglo 20.
John Carlin, un periodista británico que escribió “El Factor Humano” que inspiró la película “Invictus” dirigida por Clint Eastwood sobre Mandela, asegura que la cualidad más destacada del sudafricano es la integridad.
“Fue un gran líder a quien la gente siguió porque aplica en su vida privada los valores que predica en público: respeto, honestidad, igualdad, derechos humanos, la democracia”, dijo en declaraciones para esta columna.
Y por supuesto, el sudafricano siempre tuvo una visión clara de lo que quería para su país. 
Y lo logró “seduciendo al enemigo”, señala Carlin, quien fue corresponsal en México en los años 80, antes de trasladarse a África del Sur.
¿Habrá un líder de esas dimensiones en México? 
Porque el país lo necesita. 
Carlin dice: “¿Por qué no?

domingo, julio 22, 2012

El Tartufo Mexicano

Este es un país de simulaciones, donde “el que no tranza no avanza”. Donde las cosas no se dicen de
 manera directa, mucho menos frontal, porque hacerlo es “feo” y “grosero"
POR MARÍA LOURDES PALLAIS - Martes 10 de julio de 2012row   
Somos un país donde por un lado decimos una cosa y por el otro pensamos y actuamos otra. Pero no nos gusta decir no, y menos que no sabemos. Preferimos mentir o decir, con pena, “la verdad es que no sabría decirle”.

Aunque el personaje de Tartufo haya sido una creación del famoso Moliére francés del siglo XVII, los historiadores aseguran que su naturaleza engañosa es una cualidad (o defecto, según…) de los latinoamericanos en general.

Todo es culpa del mestizaje, dicen los entendidos.

Somos españoles altaneros, jactanciosos y deseosos de ejercer el poder; e indígenas aparentemente sumisos que acatamos órdenes pero nos burlamos por detrás del ‘gachupín’ que nos ordena.

Y es que cargamos con dos rostros que no son totalmente antagónicos, sino que coexisten en un medio habitado por hombres y mujeres seducidos por las visiones bifaciales, por los impostores.

No es raro entonces que los políticos sean expertos en presentar una cara ante la colectividad, la del benefactor, cuando en realidad lo único que hacen es reciclar dinero nuestro (cuando no aparecen en sus cuentas de banco); y otra, la del ignorante, cuando se les descubre en actos ilícitos.

La cara del “maloso” la descubren los presidentes cuando ya no están en el poder. Y con la cara del corrupto descansan tranquilos muchos, todas las noches. Y se dan el lujo de despertarse con la del magnánimo líder que sólo quiere el bien de México.

La cara del que hoy es partidario o adepto a algo y mañana manifiesta lo contrario, es pan de todos los sexenios.

Los ejemplos han sido documentados en la edición de Reporte Indigo del 12 de junio pasado, “Cambio de Camiseta”, pero son muchos: Vicente Fox, Manuel Espino, Manuel Bartlett, Manuel Camacho Solís, Dante Delgado, Marcelo Ebrard, entre otros.

Y las instituciones, fundadas por el PRI, un partido que supo navegar durante casi 70 años en una sociedad donde las apariencias engañan y “lo más probable es que quién sabe”, son expertas en simular.

La excepción era el IFE, hasta ahora, cuando quizás sí, quizás no y lo más probable… Los rostros del Tartufo mexicano se trasladan de las instituciones y empresas a políticas públicas, como las que recaudan pagos de servicios e impuestos que en realidad fomentan la cultura del no pago.

¿Cómo? Por que paga más el que gana menos.

¿Cómo creer y cuándo estar seguro de que se nos dice la verdad, o por lo menos lo que nuestro interlocutor realmente siente?

Todo depende de con qué lado de la persona nos comuniquemos: si con la cara del español o la del indio. Pero al final del día ambos son tramposos.

Y es que nuestra forma de ser refleja una rebeldía sumisa contra la sumisión; gran contradicción de la que nos sentimos muy orgullosos y estamos dispuestos a defender a cualquier costo, bueno, casi a cualquier costo...

No importa que las cosas se enreden siempre y nadie entienda muy bien al que tiene enfrente. Total, si hemos optado por lo barroco y complicado, no por lo concreto y escueto.

Está difícil entrar al primer mundo vestidos de Cantinflas (inflando y cantineando) pero lo estamos intentando.

Y ahora que llegó un “nuevo” PRI a la silla del Gran Tlatoani, hacia allá buscará llevarnos, con todo y las dos caras que nosotros, servidores, nos presentamos ante nuestro líder máximo, aunque no creamos en él ni lo hayamos votado.

Hay vida fuera de México


Mientras en México nos seguimos mirando al ombligo, en el mundo la rueda sigue girando.

Hay Juegos Olímpicos en Londres y campañas políticas en apogeo, en Estados Unidos y Venezuela. Siguen los conflictos en Siria. El FMI confirma la recesión en España. Otro joven monje tibetano se autoinmola…
Me detengo en Venezuela porque ahí ruge la voz del cañón electoral y porque cualquier parecido con México, si lo hay, es pura casualidad.
En el país del sur, donde habrá elecciones presidenciales el próximo siete de octubre, se habla del pasado contra el futuro. Es la lucha de Hugo Chávez, “el coyote”, contra Henrique Capriles, el “correcaminos”.
Con un cáncer incurable pero en remisión bajo el efecto de esteroides, el Comandante de 58 años sigue en pie de guerra. Con más de 14 años en el poder y en busca de su tercera reelección, representa el pasado.
El excoronel se enfrenta a un rival joven, rico y bien parecido quien, a sus 40 años, representa el futuro.
Del Comandante ya lo sabemos casi todo: es jefe máximo de un Estado Bolivariano y socialista así como de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que incluye a Cuba, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, entre otros. Es mesiánico y su palabra es la Ley.
Su rival se autodefine como “progresista”, de “centro izquierda” porque, insiste, los conceptos clásicos de derecha e izquierda ya no existen. Y quiere el regreso de la iniciativa privada a un país donde el Estado manda desde fines del siglo pasado, sin rendirle cuentas a nadie.
Capriles no la tiene fácil para decir lo menos, pero logró, por primera vez en años, unir a la oposición. Y eso no es poca cosa.
Pero, ojo, es posible que Chávez gane. Esencialmente por el control que tiene sobre la maquinaria electoral, y porque… bueno, la gente pobre lo quiere (sus programas sociales no tienen nada que envidiarle a los del DF por ejemplo) mientras que los ricos le huyen (por aquello de su socialismo bolivariano). Y en Venezuela, los pobres son los más y ahora les va mejor que antes.
Por lo menos así lo asegura un informe reciente de la CEPAL que contrasta con los análisis de la oposición que aseguran todo lo contrario.
Desde el 2010, Venezuela aparece como el segundo país de América Latina donde más se ha reducido la pobreza en los últimos 12 años, detrás de Ecuador, que entre 1991 y 2010 la redujo en 26,4%, según la misma fuente.
Es el dato más elogioso de los chavistas sin duda alguna.
El candidato del pasado y el del futuro coinciden en la dependencia del precio del petróleo para la viabilidad de sus proyectos. En el caso del programa de Capriles, donde hay cabida para el sector privado, hay más aplicabilidad en las políticas y menos vulnerabilidad en la economía.
Ahora, los expertos en comunicación política aseguran que Chávez y Capriles serán física e ideológicamente opuestos, pero lo que ambos comunican al venezolano de a pie no difiere mucho.
Hay dos diferencias, de acuerdo con Iria Puyosa, una reconocida investigadora venezolana especializada en comunicación política.
El Comandante siempre ataca directamente a su adversario, y éste, a menos de tres meses del Día D, apenas empieza a nombrarlo.
Y el poder ha convertido al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela en un talentoso “cuenta cuentos” mientras que su joven rival es menos emotivo, más distante. Capriles comunica mejor persona a persona.
El ex militar destaca su personalidad, es un “largo yo”. El otro, el “yuppie” dirían algunos, habla siempre de su equipo, es un “corto nosotros”.
¿Qué dicen las encuestas? De acuerdo con la más reciente de Datanálisis, 
@chavezcandanga, con 3.203.455 seguidores en twitter, lleva una ventaja de 15.3 puntos sobre @hcapriles, con 1.032.273 fans en la misma red social. 
Mediciones y proyecciones aparte, por primera vez desde 1998, la moneda está en el aire en la patria de Bolívar. Suena familiar, ¿o no?

sábado, junio 30, 2012

Indigósfera: Adiós Señoras y Señores Políticos

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Adiós señoras y señores políticos

Como sucede en América Latina, México necesita sangre nueva para revitalizar su forma de gobernar y de hacer política

Elemental, mi querido Watson, diría Sherlock. Aunque no lo sea para los políticos tradicionales. Ya no tienen nada nuevo que decir, y menos que hacer. Deben retirarse, la mayoría a vivir de las rentas acumuladas durante años a nuestro servicio. Deben cederle el espacio a caras, y proyectos, nuevos. Enough is enough.
Así como no se puede ganar un debate sin debatir ideas, no se puede progresar con déficit de candidatos, mal endémico en México y América Latina.
Y es que si no estaba claro antes en nuestro país, es transparente hoy después del segundo debate presidencial. Todos aburrieron.
Los dos punteros se moderaron; no vaya a ser que pierdan adeptos. La única candidata se dedicó a provocar como si estuviera en primaria. Y, como ya se ha convertido en costumbre en la carrera tras la silla del Gran Tlatoani en México, el cuarto hizo de bufón.
Pero ninguno exhibió talento, arrojo, carisma. Ninguno atrapó la imaginación de jóvenes, adultos o indecisos. Los votos duros ya están echados. Más por inercia que por otra cosa.
Y la verdad, tampoco importa quien gane y quien pierda. Salvo la posibilidad de un asesinato –que no se descarta-, todo seguirá igual después del primero de julio.
Cambio de piel
El vacío de liderazgo es generacional sin duda alguna. Esto no quiere decir que no existan personas nacidas a mediados del siglo pasado que sí puedan. Desafortunadamente, no son los que tenemos ante los micrófonos. Esos, en general, se mueven como dinosaurios y se enfrascan en estrategias para ganar, no en ideas para progresar.
Necesitamos que los jóvenes se inspiren en los clásicos: en el talento oral de Sócrates y la pluma de Platón. Necesitamos líderes que establezcan nuevos paradigmas para gobernar, que tengan la ironía para comunicarlo y el carisma para convencernos.
Las nuevas caras
Busquemos entre los jóvenes, porque a ellos les corresponde llevar la batuta este siglo XXI.
En México, ya hay incluso algunos nombres sobre el tablero. Todos conocidos por su vínculo con el movimiento #YoSoy132, que despertó de su letargo al país.
Se habla de estudiantes como Carlos Brito, quien ayer lunes fungió como uno de los moderadores en una Asamblea de jóvenes en la Ibero. Habrá que conocerlo mejor. Al igual que a Saúl Alvidrez, Francesc Messege, Sandra Patargo y Emilio Lezama, por mencionar sólo algunos.
Hay un rumor que la brillante y guapísima joven chilena Camila Vallejo, de visita en México ahora y en la UAM este viernes 15, es el “cerebro” detrás del movimiento #YoSoy132. Que, siguiendo mecanismos caducos, los adultos que apoyan a la joven de 24 años le dhttp://www.reporteindigo.com/reporte/df/adios-senoras-y-senores-politicosieron un empujón para que ella organizara un poco el caos inicial de nuestro primer movimiento de protesta inter-universitario.
El rumor tiene un tufillo a teoría de la conspiración propia de los años 80 del siglo pasado. Muy sospechosa. Lo que sí es seguro es que Camila enamoró a multitudes en su país. Y ya está enamorando a México. También sabemos que el caduco sistema político chileno, a través del rancio Partido Comunista, la quiere como diputada.
He ahí un primer peligro para los jóvenes que en México podrían darle un golpe mortal a la política tradicional: que el sistema los coopte. Lo ideal sería que esa práctica facistoide de viejo cuño desaparezca de nuestro vocabulario. Y que los jóvenes inventen nuevas formas de comunicarnos sus sueños.

Dos extranjeros en México

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Dos extranjeros en México

Como escribió Ernesto Sábato en su obra "Sobre héroes y tumbas", “en la vida es más importante la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza.”
Quadri ya lo dijo. Admitió que está “aburrido” de la dinámica de ser candidato presidencial de Nueva Alianza... aburrido, pero no cansado, aclaró.
Muchos de nosotros sí estamos aburridos, y también cansados. Y no solo de él. De los cuatro aspirantes. Ya no queremos más sonrisas de JVM, ni más copetes de EPN ni más cátedras de Quadri ni más serenidad de AMLO. Y eso que todos sabemos que uno de ellos ocupará la silla del Gran Tlatoani después del primero de diciembre.
Sí tuvimos dos protagonistas que saciaron nuestra sed de héroes y tumbas. Porque, como escribió Ernesto Sábato en su mejor obra del mismo nombre, “en la vida es más importante la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza.”
Algo de todo eso nos dieron la joven chilena Camila Vallejo y el militar colombiano Óscar Naranjo en estas épocas de tedio electoral. La primera en todo su esplendor mediático y el segundo, por la vía de una oferta hecha por el aspirante presidencial del PRI como su asesor militar en caso de ganar.
Y como todo lo que nos llega allende de nuestras fronteras, nos encanta, pues ambos cayeron de perlas. Aparte del tema que los trajo a nuestro país que, por supuesto, les subió el perfil a ambos y los ubicó en el centro de la atención nacional. 
Si tuviéramos que evaluar el papel de los dos, diríamos que Camila salió reprobada. Claro, Naranjo sigue siendo una leyenda. Aún no lo conocemos en carne y hueso.
Sí, ella inteligente, rebelde, joven, carismática y guapa, pero armada de un discurso que, hasta a algunos jóvenes que darían cualquier cosa por tener una cena íntima con ella, les pareció vacío y vacuo. Como del siglo pasado.
Y es que Camila, originaria de la tierra de Pablo Neruda —la economía más desarrollada de Latinoamérica— surgió como líder hace dos años y en meses, el sistema de su país ya la había casi cooptado.
Desde septiembre del 2011, cuando la militante comunista y presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, salió con miles a las calles de la capital chilena, ya llegaba de la mano con un gran aliado del sistema de su país.
Se trata de la Central Unitaria de Trabajadores, fundada en septiembre de 1988, considerada la principal organización sindical en Chile, así como la heredera histórica --en cuanto a cantidad de afiliados y papel protagónico-- de la Central Única de Trabajadores de Chile, creada en 1953 y disuelta tras el golpe de estado de 1973.
Ahora, se rumora que la joven, quien asegura no haber llegado a México para “dar clases” a los YoSoy132, va de diputada por el Partido Comunista chileno.  Mala noticia.
Entra Camila al sistema de su país y Naranjo lo deja  —porque “no soy político” —con la esperanza de integrarse a éste. Si gana Peña Nieto, por supuesto. La idea es que Naranjo, como estratega responsable del desmantelamiento de redes del narcotráfico en Colombia, detenga la tragedia que inició Calderón hace unos años.
El legendario militar de 53 años, una leyenda por ser LA autoridad en inteligencia militar en la región, vendría a impedir que más niños mueran en nuestro país. De acuerdo con la periodista Nancy Flores, entre 2007 y 2010, mil 226 menores de edad han muerto en México, cifra que duplica el número de las sentencias contra la delincuencia organizada en ese mismo período de tiempo.
Sin duda esa esperanza ha seducido a muchos en nuestro país. Pero no olvidemos que México no es Colombia.http://www.reporteindigo.com/reporte/mexico/dos-extranjeros-en-mexico

jueves, mayo 17, 2012

Silencio, se fue el Maestro

El escritor Carlos Fuentes, muere ayer a los 83 años de edad.

Se fue sin su mayor anhelo: el Premio Nobel de Literatura. El escritor mexicano, nacido en Panamá y educado en América y en Europa, de voz grave y pausada, siempre mantuvo el garbo y la elegancia de un joven dandy inglés.
A sus 83 años, era un renacentista quien donde iba recibía trato de jefe de Estado. La noticia de su muerte, trending topic mundial, corrió como pólvora ayer martes en las redes sociales.
La Presidenta del CONACULTA @CSaizar envió un abrazo a su viuda, la periodista Silvia Lemus. “Carlos Fuentes ha muerto en su México. Su ausencia sacude a la Patria de la ñ. Gracias por sus letras y su pensamiento. Adiós, Maestro!”
Era cierto. El octogenario autor de “Aura” había fallecido la tarde del martes 15 de mayo en el Hospital Ángeles del Pedregal El autor será velado hoy al mediodía en el Palacio de Bellas Artes.
Acababa de terminar su novela “Federico en su Balcón”, y estaba a punto de empezar “El Baile del Centenario” el lunes pasado. Nunca dejó de trabajar. Siempre mantuvo una disciplina férrea. En el Viejo Continente y en éste. Vivía entre la Ciudad de México y Londres. Allá, antes de ir al teatro, se levantaba a escribir todos los días a las siete u ocho de la mañana. Acá, en su ciudad, hacía más vida social. Su pasión fue la literatura y escribir, decía, lo mantuvo joven. Pero Carlos Fuentes fue mucho más que un escritor. Fue diplomático, historiador, cantante, amante de la música, de la buena comida y del baile. Mexicano universal, hablaba inglés y francés a la perfección.
Agudo crítico de la política internacional, condenó con igual intensidad a George Bush y al régimen de los Castro. Su primera aria en público Fue a capela cuando le entregó la estafeta de la Generación del Boom a Jorge Volpi y Xavier Velasco, de la Generación del Crack, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 2004. Ocurrió así: Fuentes, entonces con 76 años, seleccionó a sus hijos literarios, conocidos como la generación del boomerang, y les pasó la estafeta de la generación del boom. Fue su primera aria en público. Aunque en palabras de uno de sus editores, “cantar es una de las cosas que mejor hace”. La idea fue de Jorge Volpi, quien se lo sugirió luego de escuchar a Xavier Velasco “rapear” durante el diálogo intergeneracional boom-boomerang en uno de los muchos foros de la feria.
“Después de escuchar el rapeo de Xavier, Fuentes me preguntó: ¿Y ahora qué hago? Cántate un aria, le dije, y lo hizo”, contó Volpi en su momento.
Escogió a los autores que participaron en el foro y los sentó a su gusto y antojo. Volpi, Ignacio Padilla y Pedro Angel Palou, del Crack, a su derecha; Cristina Rivera-Garza y Xavier Velasco a su izquierda. Al primer grupo lo calificó de “archipiélago” y al segundo, de “islas”.
Todos confesaron deberle algo. Y es que fue Maestro de muchos y amigo de pocos.
Escritor por sus abuelas
Sus dos abuelas fueron las responsables de su pasión por la escritura, confesó en una ocasión. Con ellas, en Sinaloa y Veracruz, pasaba sus veranos de infancia, cuando su padre era consejero de la Embajada de México en Estados Unidos.
“Creo que me convertí en escritor por esas historias—todas aquellas historias que no conocía sobre México, sobre mi propia tierra. Fueron el almacén de todo esos grandes relatos de migrantes, revoluciones, asaltos de carreteras, bandidos, amoríos, formas de vestir, de comer—ellas tenían todo este almacén del pasado en sus mentes y en sus corazones. Todo eso fue fascinante para mí, y mi relación con mis dos abuelas, quienes son realmente las autoras de todos mis libros”.
En una de sus últimas entrevistas periodísticas hace pocos días, tras volver de Argentina, dijo que “cuando se llega a cierta edad, o se es joven o se lo lleva a uno la chingada”.
Aunque poco se le notaba, nunca se recuperó del fallecimiento de sus dos hijos jóvenes.
Hay quienes dicen que la edad no importa.
En el caso de Fuentes, sí y no. Nunca pareció un octogenario pero siempre cargaba con la sabiduría de un anciano.
Autor de más de 30 obras entre las que destacan:
Los días enmascarados (1954). Volumen de cuentos que recibe buena acogida por el público y los críticos.
La región más transparente (1958). Comparte la intimidad de la identidad mexicana y describe los temores en todos los ámbitos, incluso la lucha interna de cada mexicano.
Las buenas conciencias (1959). Novela que expresa la contradicción profunda entre un estilo de la conciencia cristiana y la adecuación a las relaciones humanas.
La muerte de Artemio Cruz (1962). Es una visión panorámica de la historia de México que el autor describe en doce periodos de la vida de Artemio.
Aura (1962). Novela corta considerada como una de las más importantes, en 2001, el secretario del Trabajo, Carlos Abascal censuró el texto al que calificó como obsceno.
Cantar de ciego (1966). Siete cuentos donde los personajes encuentran situaciones insólitas que incluyen incesto, encuentros sobrenaturales y amores secretos.
Cambio de piel (1967). Obra prohibida por la censura franquista. Terra Nostra (1975). Novela que escribió en seis años y con la que se dio a conocer en el mundo. Orquídeas a la luz de la luna (1982). Obra de teatro que estrena en Harvard y critica la política exterior de Estados Unidos.
Gringo viejo (1984). Historia basada en un hecho real, donde un periodista estadounidense abandona todo para a cruzar la frontera mexicana y unirse a las tropas de Pancho Villa.
Contra George Bush (2004). Esta obra reúne reflexiones sobre la crisis política estadounidense y global provocada por la administración del ex presidente y su círculo más próximo.

sábado, mayo 12, 2012

El Hyde y el Jekill de América Latina

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Brasil y Venezuela, con políticas económicas que contrastan con los planes de austeridad impuestos en Europa, son el Sr. Hyde y el Dr. Jekill de la América Latina del siglo XXI. Al primero lo aclaman moros y cristianos como el país del futuro mientras que el segundo se ha ganado la calificación de ser unos de los países más corruptos de la región. El exgeneral Hugo Chávez se podrá todavía llenar la boca y recordar con orgullo el adiós que, en 2007, le diera al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM) con el pago de la deuda de tres mil millones de dólares acumulada por regímenes “democráticos” anteriores, pero al país, hasta ahora, solo lo ha salvado su petróleo. Cerca, Brasil, el gigante sudamericano de 160 millojes de habitantes que preside la exguerrillera Dilma Rousseff, se deja cortejar por el FMI que lo busca para los rescates multimillonarios que salvarían a Europa de la bancarrota. Es cierto. Ni Rousseff ni Chávez quieren al FMI o al BM, pero esa coincidencia la comparten otros vecinos de la región que, como ellos, en el pasado se vieron obligados a aplicar severos planes de ajuste para acceder a sus créditos. “Cuántas oportunidades perdimos durante las […] décadas en que estuvimos bajo la injerencia del FMI sobre nuestras políticas de inversiones,” aseguró Rousseff de manera reciente en el marco del anuncio de una inversión de 570 millones de dólares para la construcción de una línea de Metro. Tanto Rousseff como Chávez son considerados, para bien o para mal, “revolucionarios”; la primera por su probada historia personal e impulsada al estrellato por Luiz Inácio Lula da Silva, y el segundo, tras la creación de su Revolución Bolivariana y con el apoyo no desinteresado de Fidel Castro. Ambos han logrado capotear la crisis del 2008 que ha sumido al Viejo Continente an una crisis de enormes dimensiones; uno con petróleo y populismo, el otro con consumo interno y planes antipobreza. Pero !ojo¡, mientras Rousseff no traiciona sus principios y recibe elogios ganados a pulso en dos años de mandato, Chávez se ha ubicado en un marco autoritario donde su palabra es la única ley, al tiempo que ha recreado aquel monstruo “imperialista” que yacía congelado en las ergástulas de la Guerra Fría. Si en 2007 el Comandante creyó cerrar “un ciclo histórico de endeudamiento” con el FMI y el BM que el expresidente Carlos Andrés Pérez iniciara en 1989, este año la agencia Fitch Ratings rebajó a negativo el panorama de la calificación de la deuda de Venezuela, citando un debilitamiento de sus políticas fiscales. El nuevo panorama refleja el debilitado marco político en Venezuela, que ha incrementado la vulnerabilidad del país ante choques de los precios de las materias primas, el deterioro de la situación fiscal y de crédito externo, la incertidumbre frente a la campaña electoral de este año. En Brasil, en cambio, el futuro es hoy. Se acabó aquella maldición de “país del futuro… y siempre lo será”. Acaba de superar al Reino Unido y en un par de años podría ganarle el quinto puesto a Francia entre las grandes economías mundiales. La Copa del Mundo de fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, ambos en Rio de Janeiro, marcarán el siglo XXI como “el siglo de Brasil”. Además, el Gobierno brasileño está considerando recomprar los15 mil millones de dólares que tiene en deuda externa con vencimiento al 2015, en un nuevo intento por combatir la apreciación de su moneda, según declaraciones recientes de un alto funcionario. Dilma, heredera de Lula pero con un estilo propio, no fue este año al Foro Económico de Davos, tradición de su antecesor que ella ignoró, ni a la toma de posesión de Daniel Ortega en Nicaragua, gran aliado de la Revolución Bolivariana de Chávez. Si Lula sacó a 40 millones de brasileños de la pobreza, la ambición de Rousseff es reducir la desigualdad. Integrante del G-20 —los países más grandes y más poblados del mundo que se autodesignaron la administración de la economía global al estallar la crisis financiera en 2008—, Brasil es el único en el que ha desigualdad está disminuyendo. La dictadura militar —que en el siglo pasado instaló un régimen de formas democráticas, que impedía a sus detractores el ejercicio de derechos políticos básicos, establecía un dominio autocrático y recurría a la violencia contra la oposición— hoy parece cosa de la historia. Mientras la alemana Angela Merkel actúa como la Dama de Hierro del siglo XXI, apoyando la reelección del francés Nicolás Sarkozy para que mantenga su política de recortes sociales y derechos laborales, y felicitando al español Mariano Rajoy por imponer ambas cosas, Rousseff aboga sin tapujos contra estas políticas. Y ella, a la mitad de su mandato, puede ser reelecta, mientras que Chávez, pese al cáncer que padece, busca su reelección en cinco meses en los comicios más difíciles y costosos desde que llegó al poder hace 13 años. La primera estará con nosotros por un buen rato. Su colega bolivariano, quién sabe.

sábado, abril 07, 2012

Pax Hispánica II: ¿Muere un modelo global?

Pax Hispánica II: ¿Muere un modelo global?

Cintillo: ¿Se derrumbó la segunda Pax Hispánica? ¿Acabó para siempre el sueño ibérico de prosperidad y bonanza? ¿Se quedaron los españoles en la antesala de la primera división europea? ¿Qué futuro les espera? México no escapará de esta depresión en el mundo actual.
Pocos recuerdan la Europa de hace tres siglos, cuando reinaba la supremacía de los valores ibéricos y España había logrado posicionarse en el mundo como potencia no beligerante. Todo así hasta que aparecieron los primeros síntomas del derrumbe de la Pax Hispánica, que se hicieron sentir a comienzos del siglo xviii.
Y más de un siglo después, tras un paréntesis de prosperidad comercial, de una sangrienta Guerra Civil y de los embates de 40 años de dictadura franquista, la España del siglo xx logra, no solo establecer una democracia moderna y entrar a la Comunidad Económica Europea, sino también emerger como triunfadora en los albores del nuevo milenio.
Al inicio de este siglo, España se lanza con aplomo a la globalización impulsada por las privatizaciones y la internacionalización de grandes empresas públicas como Telefónica, bancos como Santander, BBVA y energéticas como Repsol. Como resultado de ese proceso de capitalización y del crédito barato, se dispara el boom del sector inmobiliario.
Así nace la Pax Hispánica II, una época de “bienandanza económica,” donde “la gente se endeudaba y parecía que las deudas eran algo que nunca había que pagar, que eran simplemente una costumbre,” afirma a fines del 2011 el filósofo español Fernando Savater.

La “mega crisis”

Para 2008, España empieza a sentir las consecuencias de esa ilusión, cuando la feroz crisis económica internacional provoca un terremoto interno, aunado a la grieta que abren sus propios problemas estructurales ─una excesiva dependencia en la energía y en el déficit exterior─, así como un sistema económico agotado.
La pérdida de la competitividad surge como un elemento preocupante. España pierde 11 posiciones en la clasificación Doing Business (Hacer Negocios) del Banco Mundial que mide la facilidad o las trabas para la actividad empresarial en 183 países del mundo. Con esa caída (solo superada por Namibia, que pierde 12 posiciones), pasa a ocupar el puesto número 62.
Y es también uno de los países más endeudados del mundo. En 1996, la deuda privada era del 65 por ciento del pib, y para el 2008-2009 había aumentado al 230 por ciento. “Hoy en día la deuda total es de 400 por ciento del pib,” asegura el “profeta de la crisis”, el economista catalán Santiago Niño Becerra, autor del best seller Más allá del Crash.
Antes, cuando la caída era inminente, Niño Becerra, el primero en lanzar una señal de alerta en 2006, había predicho que se avecinaba una “mega crisis” parecida a la de 1929. A su juicio, si el crash es responsabilidad de alguien, es de los bancos.
“Son los que dieron los créditos, favorecieron la dinámica crediticia, participaron en la negociación de los títulos, soportaban la política de créditos a las empresas […] Eran la manifestación del horror diabólico de cara a la opinión pública y de una forma indirecta a los gobiernos,” señala en entrevista difundida en medios electrónicos.

La tarea “dura e ingrata”

A fines de febrero de 2012, Mariano Rajoy, presidente del Gobierno español, cierra el 17 Congreso del Partido Popular pintando un oscuro panorama ─“cuesta más trabajo detener la caída que reiniciar el ascenso”─ y reiterando su voluntad de llevar a cabo cuantas reformas considere convenientes, lo que el fmi y el Banco Mundial recomiendan para todos los países, incluyendo México.
Su tarea es “dura, ingrata y difícil”, pero no le impedirá hacer “lo que sea preciso” para salir de la recesión, incluyendo la puesta en marcha de una reforma laboral “justa, buena y necesaria”, aseguró el líder en febrero pasado, días después de las primeras manifestaciones de cientos de miles contra el ajuste.
La reforma de Rajoy, la séptima en 30 años ─que se da frente a una tasa de desempleo del 22,85 por ciento, un paro juvenil de más del 40 por ciento y unas perspectivas de crecimiento económico cero para este año─, generaliza el despido con 20 días de indemnización y concede el poder a los empresarios a la hora de pactar los convenios con los trabajadores.
El objetivo es impulsar el empleo (facilitar la contratación, evitar los despidos y disminuir la dualidad entre empleados temporales y fijos), reducir un déficit del 8 por ciento a la mitad, mejorar la capacidad productiva y la competitividad de las empresas. En efecto, dura tarea. Y lo sabe.
Ante la Comisión Europea en Bruselas, el presidente español admitió que la reforma le podría costar una huelga general. En el supuesto más optimista de que el empleo en lugar de seguir destruyéndose empezase a crecer a un ritmo del 1.5 por ciento, se necesitarían años para compensar el descenso de cotizantes en la Seguridad Social (por debajo de los 17 millones) provocado por la crisis, sin contar que el número de pensionistas aumenta por el envejecimiento de la población.

Lo peor por venir

A fines de enero pasado, Fitch Ratings rebaja en dos escalones la calificación de España, desde AA- hasta A con perspectiva negativa, responsabilizando al “significativo desvío fiscal” y al deterioro de las perspectivas macroeconómicas, que tendrá “implicaciones negativas” a medio plazo en las finanzas públicas.
Recuperar la Pax Hispánica II no está nada fácil. ¿Ha conjurado el país ibérico el peligro de convertirse en otra Grecia? Es inevitable, dice Niño Becerra. “Después de Grecia, van a ir España y Portugal”, sentencia.
2012 será un año fatídico para España. Habrá una caída económica estrepitosa, tasas de paro elevadas y, para el 2015, un estancamiento que solo cinco años después logrará “un repunte suave paulatino,” agrega.
El analista es tajante. “Lo peor aún no ha llegado. Igual que en 1929, cuando el crash no se pudo evitar, porque era como la muerte de un sistema, este modelo se va a morir.”
Parece evidente que la Pax Hispánica II, ese Estado de bienestar de la España de fines del siglo pasado y principios de este, deberá desaparecer por completo para ser sustituido por un sistema privatizado cuya prioridad será aumentar la competitividad y la productividad del país. Y en esta lógica monetarista y feroz, México sufrirá las repercusiones en el corto plazo. ¡Bienvenida la lógica de mercado!

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miércoles, febrero 22, 2012

Coming Home to Corruption









Coming Home to Corruption
by Maria Pallais /

Mexican authorities fired 10 percent of the federal police force in 2010, in an effort to clean house. / REUTERSMéxico City – Javier Treviño-Rangel, a doctoral candidate in sociology, landed at Benito Juárez Airport here after five years in London, and found himself greeted by an old friend he had hoped he would never see again: corruption.
No sooner had the 33-year-old scholar retrieved his luggage than he felt “back in the country where surrealism is real life.” A set of lights controlled whether his bags would sail past customs or not. He would push a button: if it flashed green, he would be free to go; if red, an official would open his suitcases.
“The perfect metaphor for the rule of law in Mexico: it is determined by the Wheel of Fortune!” Treviño-Rangel said, still fuming at the memory.
Outside the airport, as he searched for a ride home, Treviño-Rangel found a jarring contrast to Heathrow’s organized system of dispatching cabs.
“There were signs put up by the authorities saying, ‘This cab may be violating the law,’ and, ‘Take only authorized taxis.’ And then I found that one of the authorized cabs’ sites charged almost double what the other one did,” Treviño-Rangel said.
It was “Kafkaesque: What is official can also be illegal; what is authorized may be violating the law,” he added.
The young sociologist had grown unaccustomed to the Mexican capital’s ways after his years at the London School of Economics. Weeks after his return, Treviño-Rangel said, “I realized I had become oversensitive to my country’s disorganized and corrupted culture.” He felt paranoid, convinced that everyone he met was angling to swindle him, he admitted.
Indeed, Mexico shows a great deal of tolerance towards corruption. A 2009 investigation by the Organization of American States and the United Nations Development Program reports that Mexico’s political system fosters corruption, and people go along in the hope that they, too will benefit from a lack of transparency. The report, which analyzed 18 Latin American democracies, found a consensus that corruption is endemic in Latin America, although less so than in Africa, Southeast Asia and Southeastern Europe.
According to Transparency International’s annual Corruption Perception Index for 2011, Mexico ranked 100, worse than Colombia, Jamaica, Panama and Romania, and down from its position as the 72nd most transparent nation in 2007 and 2008. The non-profit anti-corruption organization ranked Finland the least corrupt country in the world while Somalia and North Korea tied for worst place.
A recent study by the Global Financial Integrity Project, a Washington-based non-profit, estimates conservatively that corruption has cost Mexico some $500 billion over the last decade in illicit outflows of money. The figure does not include the proceeds of the country’s most lucrative criminal enterprises: drug trafficking, kidnapping or smuggling people across the border.
Foreigners are keenly aware of the violent daily battles fueled by organized crime in Mexico — the drug gangs that rule entire neighborhoods and cities, the murders along the border with the United States, the kidnappings that lead wealthy Mexicans to send their children abroad. But underpinning these violent extremes are the quieter, myriad daily forms of dishonesty that corrode the lives of average citizens: The bribes that must be paid, the pirated products that are freely bought and sold by upstanding citizens, the unrelenting moral compromises Treviño-Rangel was rediscovering, woven into the fabric of daily life.
His disorienting return home offers a rare window into the gradual erosion of expectations, the mental tricks and the acrobatics of reason, by which millions of citizens in countries the world over grow accustomed to accommodating blatant corruption. So struck was Treviño-Rangel by this mass surrender to the absence of integrity that he coined a name for it — “corruption fatigue syndrome” — when corruption becomes so pervasive in a society that ordinary citizens give in to it rather than fight.

Taking Care of Business

Treviño-Rangel has to look no farther than the street outside his window to see a map of corruption’s daily workings.
On one corner, he recalled, someone dropped a bag of cement one day. A few days later, a “no littering sign” was posted by the authorities, but the bag remained untouched. Since then, whenever pedestrians walk by that spot, they throw garbage, paying no heed to the sign — either in defiance of it, or actually thinking it is the neighborhood garbage dumping grounds.
“In order for the official garbage truck driver to take the bag of cement away, he has to be tipped. It is heavy after all,” Treviño-Rangel commented ironically. “I have learnt to keep my garbage at home until he shows up, at which point I take it out myself and hand to him with a tip, of course.”
In another corner of Treviño-Rangel’s apartment, there is Skinny Margarita (Margarita la Flaquita), who arrives early every morning in her truck. She is the self-appointed supervisor in charge of barricading public parking spaces with heavy containers and cans of different sorts, so that people not authorized by Margarita and her gang are unable to park. In one hour, she’s got the whole street sequestered. At midday, she approaches restaurant owners –her clients–, with whom she has a “private contract,” so that when customers arrive in their fancy cars, the valet has a place to park their vehicles.
Margarita leaves promptly at 7 p.m., at which point The Dead One (El Muerto) arrives to take over for the night shift.
“It’s a totally illegal exchange of dealership,” Treviño-Rangel told 100Reporters.
Asked why he and his neighbors accept it, he answered, “We tolerate her and her gang because, for instance, when my friends come to visit, Margarita provides them with a safe parking space, free of charge.
“Well, almost free. I do tip her for it handsomely,” he confessed, with a complicit smile.
“But, mind you, she and ‘The Dead One’ watch our dark streets with no lampposts at night, a service the city and its police should, but don’t provide.” What’s more, Margarita has personally caught four thieves in five months. “She identified them and called the police immediately,” Treviño-Rangel said.
Buying or renting pirate movies is routine in Mexico. Few people actually rent legitimately. Instead, they buy or rent pirated copies at street corner shops. “All my Mexican friends, including those who are officially human right defenders, full-time activists, see piracy as something absolutely normal. Once, I accompanied one of them to a market to buy pirate movies. He asked for the “original” version. The most contradictory thing I had ever heard: a pirated movie cannot have an original version!”

How Cheating Becomes Normal

Today, six months after his homecoming at Benito Juárez Airport, Treviño-Rangel is no longer angry. Instead, he has become an expert on corruption and, as a sociologist, he identifies three dominant reactions to corruption among Mexicans.
The first group, he said, cheat regularly and don’t know another way of life. The second group–a majority, in Treviño-Rangel’s view–see themselves as bystanders and quietly take advantage of the system whenever they can. Lastly, there are some who feel uncomfortable with corruption and complain about it from time to time, but have concluded they can’t win.
“We have a whole vocabulary that attempts to normalize corruption,” said Treviño-Rangel. “For instance, ‘That is how we do things here. It could be worse. Everybody does it. As long as it does not affect me,’ and so on.”
Mexican humor has contributed to that vocabulary. Take the popular Mexican saying “Hidalgo’s year,” mistakenly traced in the popular imagination to Miguel Hidalgo de Costilla, one of Mexico’s Founding Fathers.
In reality, the phrase has its roots in what one drinker tells another as the bottle of tequila runs down: “Chingue su madre el que deje algo” (loosely translated: damn the one who leaves something behind). And “algo” rhymes with Hidalgo. So, Mexicans apply the phrase to a president’s final year in office, a time when voters expect government employees to steal and leave nothing behind for their successors.
Lo and behold, 2012 is “Hidalgo’s year” for Mexican President Felipe Calderón.
“I have leftist friends who are convinced that (the Mexican system) allows ‘Hidalgo’s year’ and corruption in general, because it is actually an ‘odd way to redistribute wealth,’ far from illegal or corrupt,” commented Treviño-Rangel, shaking his head and staring in disbelief, as if at some absent culprit.
Although he sometimes gets tired of the constant need to insure he is not getting fleeced, Treviño-Rangel does feel at home in México (he had missed the food and the language). Finishing his thesis on Transitional Justice in Mexico, he, too. has succumbed to corruption fatigue syndrome. The sense of helplessness dulls his moral sensitivity, and he suspects, that of his entire nation.
“Our potential response against corruption is gradually destroyed,” Treviño-Rangel said.

Nepotism After the PRI

That sense of resignation was so familiar to José V., a senior civil servant, that it could have filled a line on his job description. At the federal government agency where he worked for over a decade, José found himself surrounded by a web of bribes, kickbacks, extortion, cronyism, nepotism, patronage and embezzlement. Somewhere along the way, familiarity with the backroom deals became a point of pride.
“You take it as a sign of trust from your boss,” José confessed to 100Reporters. Sometimes, José’s boss would rely on underlings to take union officials or others out for a night on the town.
Jose recalled when “Martita” (Martha Sahagún, former president Vicente Fox’s wife), who was legendary for her lavish jewelry, designer outfits and quietly tough nature, would ring up his boss. In exceptionally polite Mexican style, she would tell him to either hire or fire someone. “It was an order. No questions asked.”
José, a career civil servant, was recently laid off from his government job. “At first I felt upset and betrayed,” he said. Ultimately, though, he seemed resigned to the Wheel of Fortune turning on him. “I got hired as a professional, not a politician, but they had to let me go so that a politician could take over my post,” he said.
He now works in the private sector, and contends that despite the pervasive nature of corruption, each individual retains an internal moral compass. “You have to accept it and go along with it many times,” he said, “but you don’t necessarily have to incorporate into your personal life.”
Alas, the reality is that in Mexico, the Wild West of the XXI Century, a popular saying reigns in most people’s hearts and minds: “El que no transa no avanza” (Whoever doesn’t cheat gets nowhere).
In an informal survey of university students and their parents at a recent social gathering in Mexico City, for instance, nearly all admitted having bribed a transit cop after being “pushed around” on at least one occasion.
In a 2007 survey by the national daily Reforma, 21 percent of Mexicans surveyed said they had paid a bribe in the previous 12 months. Overall, Mexicans ranked their country 6.5 on a 0-10 scale of corruption, up from 6.0 in 2001. The poll confirmed the findings of the World Values Survey that same year, regarding pervasive changes in what people want out of life and what they believe in.

New Faces, Old Ways

In 1977, Sergio Aguayo –today an academic and a writer at the Center for International Studies at El Colegio de México– was a young employee at an important federal ministry.
Shortly after he began work, he showed his boss a list of telephone calls he had made from his office to his wife in Barcelona. He wanted to pay for them, since the calls were personal. His boss told him to drop the issue: “Don’t complicate things for me,” he told Aguayo. “Just forget it. Nobody will notice.” Aguayo left the ministry shortly afterward.
Corruption worsened after elections in 2000 put an end to the 70-year rule of the Mexico’s Institutional Revolutionary Party, the PRI, Aguayo said in a recent interview with 100Reporters. The left-of-center party was defeated by the more conservative National Action Party, or PAN, and the country entered a period of weak democracy.
Edgardo Buscaglia, who investigates the impact of legal and judicial frameworks on economic development for several international organizations in the United States and in Europe, said given the PRI’s longevity, “the state had a much better grip on the system before the PAN won the executive seat, when all control mechanisms crumbled like a house of cards.”
Legislative changes that followed PAN’s ascension to power followed the rules of “crony capitalism” coined by Nobel Prize winner Joseph Stiglitz, an economic model in which the government gives preferential treatment to a privileged few, allowing them to increase their wealth without facing undesirable competition. Crony capitalism in Mexico, as elsewhere, covers favoritism in the distribution of legal permits, government grants, special tax breaks, and other unwritten advantages.
For instance, between 2000 and 2005, Mexico’s 50 most important businesses paid 141 pesos (a little over $10) in annual taxes while someone who made 10,000 pesos a month (less than $1,000), paid 1037 pesos (about $100), Aguayo wrote in his 2007 book, Vuelta en U (U Turn, Taurus Editorial). This means that in one month a middle class worker paid more in taxes than the leading companies did in five years.
“It is offensive but legal,” Aguayo wrote. “What (big companies) do is hire armies of accountants and tax specialists to maximize the opportunities provided by the tax legislation approved by all political parties.”
According to Aguayo, government spending on programs for the poor increased by 45.3 percent during Fox’s term, while tax breaks for the rich doubled. That means, proportionately speaking, that government favored the rich more than the poor.

If slowly and mildly, occasionally corruption does get punished. During the last week of November 2010, for instance, an investigation which began three years ago detected a scheme by 60 people –including 18 judges– that defrauded the state-owned electric company, CFE, of 1.32 billion pesos ($93 million).
Buscaglia considered the case a fluke, and predicted it would not result in convictions. “The absence of a functioning judicial system eliminates major rulings for now,” he argued in a recent interview with 100Reporters.

Silver or Lead

At the end of 2010, the Attorney General’s office in the northern state of Chihuahua declared itself incompetent to investigate 6,000 homicides tied organized crime in Ciudad Juárez. It asked the federal government to intervene, which responded with technicalities and passed the ball back to state authorities. The paralysis is a sign of his country’s “institutional collapse,” Buscaglia said.
The cycle feeds on itself: Paralysis leaves judges and other civil servants vulnerable and fearful, rendering those who operate outside the law yet more powerful.
In 1995, more than half of 900 armed criminal gangs had agents or former agents among them. That same year, 70% of all kidnappings were committed by former police officers. By 2011, the situation was widely believed to have deteriorated. Last year, government called out the military for a recent crackdown on the drug cartels. Police were arrested alongside drug lords.
Today, the police are easily bought, in part because in many cities, they earn even less than street vendors. On the website InSight Crime, Patrick Corcoran, a reporter, observed that in Mexico, “an underpaid officer could double or triple his salary by simply agreeing to look the other way.” A Council on Foreign Relations report argued that police agencies in Mexico “suffer from dangerous and deplorable working conditions, low professional standards, and severely limited resources.”
In fact, police will bribe criminals and extort tourists and have been known to give victims the option of “plata o plomo,” which means they can either accept a bribe or be killed. Often, they work with drug cartels to protect them, and sometimes ignore their reported crimes and do not bother to investigate. At times, they imprison innocent citizens to cover up their dirty work, according to a Criminal Justice Decree Guide report.
Faced with the plethora of corruption scandals surfacing on a near-daily basis in today’s Mexico, one might conclude that purported improvements to civic institutions are little more than tweaks to insure that everything stays the same. And one might be right, according to both Aguayo and Buscaglia.
Aguayo argues that to tackle corruption, Mexico will need “an organized citizen’s group with clear goals and financial resources, and a government willing to risk acting honestly.
“The ideal place is Mexico City and the time, 2012, because elections make opinion-makers more susceptible to pressure,” he said.
Buscaglia’s formula is more radical: the state has to be “professional” again and regain the control it lost to criminal gangs like the drug lord Arturo Beltran Leyva, who is now dead. His heirs and colleagues are moving to control the political system behind the scenes, fronting candidates for municipal office and buying politicians, Buscaglia said. They control some of the country’s richest businessmen, who act as “bastard children” of a corrupted system.
Hannah Arendt, writing of Nazi Germany, famously described the ‘banality of evil.” The Holocaust was not so much the work of larger-than-life monsters, she wrote, but of ordinary people becoming inured to monstrous routines. Albeit less catastrophic than the Holocaust, a sort of “banality of evil” also takes place in Mexico, according to Treviño-Rangel.
These days, he sees corruption in his country as a common practice among most individuals, deeper than a strictly bureaucratic or governmental issue.
Unlike Aguayo and Buscaglia, the sociologist believes that corruption becomes endemic through “people with ordinary human qualities: people who don’t really grasp the immorality of what they are doing or seeing; people who do the same things their peers are doing,” and who justify it all with commonplace motives like professional ambition or job security.